¿Puede una conferencia cambiar tu vida?



Puede ser pretencioso y exagerado decir que una conferencia puede cambiar la vida de una persona, pero si las palabras o ideas que se exponen en la conferencia hacen que esa persona se realice ciertas preguntas, sí puede ser el punto de inflexión que marque el principio de ciertos cambios que pueden acabar suponiendo una verdadera revolución personal.

Todas las cosas grandes e importantes en la vida comienzan con un acto sencillo: una mirada a una persona puede ser el principio de un enamoramiento; tomar por azar un libro de una estantería puede ser el principio del descubrimiento del que será nuestro autor favorito; ver un programa de televisión sobre un tema concreto, el nacimiento de una afición.

Por eso, acudir a una conferencia por sí mismo no va a cambiar la vida, pero sí puede suponer el inicio de cambios que sí van a transformar la manera en la que entendemos la propia existencia o vemos a los demás. Pero, lo que es más importante, la manera en la que nos vemos a nosotros mismos.

Luis Galindo es conferencista motivacional con gran fama. Sus charlas han cambiado la vida de muchas personas que han descubierto a través de sus palabras y razonamientos que es posible enfocar su vida de otra manera. Que es posible reilusionarse de nuevo con un proyecto personal y comenzar a luchar por lo que se quiere, con una visión muy distinta de la vida de la que se tenía.

Esto no quiere decir que con solo escuchar una de sus conferencias se vea el mundo de manera distinta, pero desde luego sí que se siembra el germen para comenzar a trabajar con uno mismo en el cambio de visión. Porque cambiar la manera en la que no solo se ve al mundo, sino también a uno mismo, es un trabajo íntimo y personal y no es algo que nadie pueda hacer por otra persona.

Lo que sí puede hacerse es ofrecer las herramientas para trabajar en estos cambios, quizás abrir los ojos a caminos que no se veían no porque no estuvieran delante, sino porque nos habíamos empeñado, simplemente, en mirar hacia una única dirección con tozudez, sin querer quitarnos las anteojeras que nos impedían ver lo que había a los lados.

Como Galindo dice, no se trata de descubrir nuevas tierras, sino de aprender a verlas con ojos nuevos.

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